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Cómo amar a Dios desde un enfoque en el que se le reconoce como el mismísimo Amor, representado en Su Hijo Jesucristo y en su deseo de que amemos al prójimo como a uno mismo.

1
Es muy importante amar al prójimo como a ti mismo, tal y como Él nos ama a nosotros. Amamos a Dios si amamos al prójimo de la misma manera en la que nos amamos a nosotros y a nuestros seres queridos, éste es el mandamiento más importante para amar a Dios. Ama a sus hijos, sobre todo a Jesucristo, ya que cualquiera que no ame a un hijo no podrá amar a un Padre.

2
Vive para Dios y está dispuesto a morir por Él, sabiendo que la meta de la vida es Amar a Dios.

3
Sé paciente con los demás y contigo mismo.

4
Además, para amar a Dios, debes aceptarlo a Él, sus gustos y odios, así como sus actos.

5
Únete a otros en la tristeza y siente felicidad con la alegría de los demás.

6
En lugar de lamentar tus desgracias, piensa que eres mucho más afortunado que otros y comprende que no estás solo en el dolor, ya que hay más personas con penas parecidas a las tuyas.

7
Prívate de cosas para ayudar al prójimo, en lugar de robar a otros en beneficio propio.

8
Resiste el destino con alegría, aceptándolo como Su Deseo. Comprende que con devoción y con la alimentación y vestuario apropiados, uno puede ser feliz y eso es un objetivo maravilloso.

9
No seas avaricioso a los ojos de Dios, no le pidas ayuda con fines egoístas para tu propio placer. No recaudes riquezas.

10
Comprende y siente que un gran acto de devoción y adoración a Dios es no hacer daño o lastimar a alguno de Sus seres, sobre todo a los seres humanos, creados a Su imagen y semejanza.

11
Mantente comunicado con Dios y reza a cada momento, hablando sólo de bendiciones.

Visión cristiana
1
Cree en Jesucristo, quien demuestra que Dios es Amor, Él nos envió a Su Hijo Jesucristo como la mayor prueba de Su Amor. Jesús murió por todos nosotros para traer a nuestros corazones el Amor de Dios, del cual no podemos escapar, y Jesús nos salvó de nuestros pecados y construyó en todos nosotros una perfecta vida eterna por la gracia de Dios, no por nuestros propios esfuerzos. Cuando creemos y requerimos el nombre de Jesús para alejarnos de los caminos del mal, Dios nos ayuda para que no fallemos; cuando nos comprometemos a rendirnos a Su Señorío, ¡Él nos ayuda en esta tarea y en las demás!

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